
Dos personas magníficas, dos héroes, dos soldados armados hasta los dientes: Rodri y Domingo. Lucharemos hasta la muerte.
Dios, sólo quedan 20 días para el comienzo de la emisión, y los problemas crecen y no tenemos tiempo de establecer un perímetro, ni siquiera de dar de comer a la perra. Ayer el gran Dios Muermor atacó de nuevo en la situación más imprevista, acompañado por sus inquebrantables amigos Despistor y Agobior.
Teníamos una sencilla secuencia en cámara al hombro en la que los actores tenían que decir una sencilla frase a cámara, coordinados de una manera sencilla. Bueno, pues nadie era capaz de decir su texto, exceptuando cierta dignidad expresiva de mi protagonista, y el rigor metapsíquico de Riky. Todos, en algún momento, eran poseídos por los primigenios y se enzarzaban en una vorágine de equivocaciones, tropezones y olvidos sintácticos que consiguieron provocarme varios infartos cerebrales. Ante una situación semejante caben dos opciones: tranquilizar al personal y hacerlo mal en 24 tomas, o mantenerte inflexible en una posición de impasibilidad germánica, hacerles ver la putada que te están haciendo y sobre todo dejarles claro que todo eso no sólo no es gracioso, sino que te hunde el plan, te altera, de desestabiliza y te quita dos o tres planos más de la planificacíón, arruinándote la secuencia y la vida. la maniobra Himmler surtió efecto a la toma 16. Hubo bajas pero tomamos al final la maldita colina, y los charlies se retiraron, pero siguen allí agazapados, observando mis movimientos.
Ya hablamos anteriormente de la trabazón retrotensa, de la necesidad de mantener el culo apretado para conseguir resultados en situaciones extremas, y esto termina por confirmármelo. Yo pierdo la razón, la estabilidad y la paciencia, convirtiéndome en una mezcla de Lecter-Miss Marple, pero es necesario. Es necesario porque desgraciadamente el mundo funciona así, incluso yo funciono así. Ojalá la sensatez y la palabra fueran el motor del mundo, pero no es así, así no estamos hechos, somos pedazos de carne convulsa, absurda e impredecible, atados a la contingencia, al capricho, y a la idiocia.
El Ruido y la Confusión es nuestro hogar, la Mentira y la Envidia nuestros padres, y nuestra mejor amiga, esa niña que juega con nosotros todos los días y nos deja las muñecas se llama Muerte. Confiados, alegres, reímos y soñamos, hacemos series.
Ya véis que se me va la olla. Y así todo el rato. Hablo conmigo mismo, necesito un muñeco de ventrílocuo, para hacerlo más fácil. O un amigo invisible, Pewee, podría llamarse. O Winifred. Es normal, es una situación normal y controlada. Lo único que me desagrada son estos enanitos que tengo en la piel, que me tiran de los pelos. Me los ha contagiado Talla.